
Por @tatta25
Gracias a las nuevas tecnologías es posible tener un álter ego digital. Ese ‘otro yo’ que hace en la web lo que en la vida real su ‘dueño’ no es capaz.
He visto cómo hay personas tímidas frente a grupos de desconocidos o cómo les cuesta tomar la iniciativa en una conversación y, en cambio, hacen sentir su voz 2.0 con un blog y opinan con vehemencia en las redes sociales.
Reconozco que a veces es más fácil intercambiar opiniones en plataformas virtuales con otros internautas que con gente frente a frente. Como dice la psicóloga estadounidense Sherry Turkle, especialista en las relaciones humanas mediadas por la tecnología, en la vida virtual se controla más lo que se dice y es posible mimetizarse bajo avatares y emoticones.
Y, ¿cómo no? Se puede ser delgado o gordo, bajito o alto, pasar por inteligente leyendo unos cuántos párrafos en Google y opinando en Twitter sobre el tema del momento para no pasar desapercibido, y hasta ser una persona súper chistosa.
Es un hecho que las redes sociales nos hacen ganar más conexiones profesionales y personales. Lo que no pueden hacer es borrar lo que somos offline, en la vida de carne y hueso.
Aplaudo los álter egos digitales si nos impulsan a incorporar a nuestra vida real esas oportunidades y habilidades que por nosotros mismos no hubiéramos podido conseguir. No los aplaudo cuando se quedan en la actuación, en un juego de caretas.
Por supuesto no faltarán quienes prefieran los álter egos y no tanto al sujeto de carne y hueso. No faltarán quienes prefieran tener a María en el chat y no ‘face to face’.
Y tú, ¿qué prefieres?







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