Regálame un minuto a mí, por favor. Luego ves el Blackberry

Por @tatta25

Camilo Jiménez, catedrático de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Javeriana, planteó un problema cada vez más frecuente en las aulas, del que casi no se debate en serio: con el mal uso de la tecnología, aparatos como los celulares, o plataformas como las redes sociales, terminan haciendo a los nativos digitales, y a los inmigrantes también, cada vez menos introspectivos, cada vez más dispersos.

El profesor Jiménez, conocido en Twitter como @bocasdeceniza,  renunció a su cátedra ante la imposibilidad de lograr que los estudiantes fueran capaces de construir durante un semestre un sólo párrafo con sentido, ajustado a los parámetros mínimos que exige la escritura en español. En realidad argumentó su incapacidad de comunicarse con las nuevas generaciones por estar más interesadas en el chat, las redes sociales y el mundo virtual, que en el debate, la literatura, el “mundo real”.

“De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro”, escribió.

Su carta de renuncia, publicada por EL TIEMPO en la sección Vida de hoy, se convirtió en la más leída desde temprana hora, este viernes 9 de diciembre. A las 8:00 p.m. seguía siendo la noticia más vista y compartida del día, y tenía 600 comentarios. No faltaron los lectores que calificaron a Camilo de incompetente al no ser capaz de entender a sus alumnos veinteañeros, ni aquellos que estuvieron de acuerdo con él, ni las respuestas de los estudiantes que por sus argumentos demostraron hacer parte de la minoría que no va a ‘calentar silla’ en el aula y sí va sedienta de conocimientos.

Particularmente entiendo a Camilo. Sé lo que se siente tener tanto por decirle a un grupo de estudiantes y no encontrar la manera de hacerlo. ¿La razón? El BlackBerry, Twitter o cualquier otra página en internet los cautiva más que el profesor o la profesora frente a ellos, o quizá el problema es el profesor o  la profesora por no saberse ganar su atención.

Entre agosto y noviembre fui catedrática de sexto semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda, en Santa Marta. Clase tras clase terminaba frustrada al ver cómo la mayor parte del tiempo mis estudiantes optaban por ignorarme porque hallaban más divertido el BlackBerry, la Ipad o Twitter, y no la clase que les había preparado con Power Point, videos y páginas web.

Pedí silencio, decomisé celulares, bajé décimas a quienes no tenían buena disciplina dentro del aula, les dije que desperdiciaban el dinero de sus padres al no prestar atención… todo fue en vano y, dos meses después, me resigné. Captar su atención era cosa de suerte. Algunas clases lo hacían, otras se la pasaban hablando y en algunas estaban atentos los primeros 20 minutos y después, literalmente, se desesperaban porque necesitaban saber qué había pasado en Facebook, Twitter o en su BlackBerry Messenger.

“Es que a mí no me gusta esta clase.”

“Es que a mí no me gusta la Comunicación Social”.

“No te preocupes profesora, cada quien verá lo que hace”.

“No te des mala vida. ¿Desde cuándo das clases que te da tan duro esto?”.

Que como profesora debo aprender a relacionarme más con ellos, seguramente sí. Aunque si a mis 28 años, bloguera, fanática de las redes sociales y cibernauta asidua, no logro entenderlos o hacerme entender, es más complicado que un profesor de más edad y menos conectado logre entenderlos o hacerse entender.

Tampoco entiendo por qué estudian una carrera que no los llena ni esa desmedida importancia que  los jóvenes de hoy le conceden a lo inmediato, a resolverlo todo con una búsqueda en Google, mirando la pantalla de su teléfono. ¿Y lo trascendente dónde queda: aprender a debatir, a reflexionar, a analizar a través de la lectura, el cine o la música? Me gustaría escuchar sus argumentos, más allá de los que  enumeran  en clase. ¿Qué les pasa? ¿Por qué la vida se les ha vuelto el móvil?

Como estos jóvenes serán los futuros comunicadores y periodistas de este país, al igual que Camilo, me pregunto cómo serán esos periódicos, sitios web y revistas del mañana, escritos o dirigidos por ellos. ¿Se tendrán que valer del corrector de Word para que les ayude a escribir bien, como lo planteó el periodista Daniel Pardo en su respuesta a Camilo Jiménez, porque sin él escribirían sólo una seguidilla de errores? ¿Lograrán mejores publicaciones que las producidas por gente como yo hoy en Colombia o seguirán perpetuando la superficialidad mediática? Quizá Google tenga la respuesta.

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