
Por tatta25
Si uno se deja llevar por lo que lee en Twitter, entonces el periodista francés Roméo Langlois liberado ayer por las Farc no estuvo secuestrado durante 33 días sino de “paseo en la selva”. Tampoco es un periodista sino un vocero de esta guerrilla, anda triste por haber regresado a la libertad y por no continuar ‘viviendo’ con los milicianos.
Siguiendo la construcción de este perfil, según los tuiteros, es un “extranjero atrevido que viene a enseñarnos a los colombianos a vivir nuestro conflicto” y es un liberado que debería haber condenado lo que pasó y no estar agradeciendo tanto la comida, en clara alusión a su supuesto paseo en la selva.
No faltaron los periodistas indignados porque el francés cuestionó el cubrimiento de nuestra realidad al decir: “el Gobierno y el mundo han dejado ver muchas imágenes distorsionadas de este conflicto” y “muchas veces la prensa y los gobiernos han logrado vender imágenes equivocadas de las guerrillas”.
Los tuiteros también mostraron otras características de Langlois. Pocos lo retrataron como un hombre “sereno, berraco, frentero. Un periodista con cojones. Cero halagos a captores y opiniones muy propias y fundamentadas”, “honesto, independiente”, aunque uno “esté o no de acuerdo con él” y un periodista “llamando a que la información sea de ambos lados”.
Se puede no estar de acuerdo con Roméo, pero eso no nos da derecho a tomar Twitter para condenarlo y poner su vida en peligro tildándolo de guerrillero. Fue eso lo que hicieron ayer muchos colombianos, incluido el expresidente Uribe.
Se ha vuelto moda nacional bajarle el nivel a los debates escudándose desde el anonimato que puede brindar la red.







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