Redes sociales o la vida de los otros

Por tatta25

Acaba de terminar con su novia y todo el mundo lo sabe. Ha escrito en su muro de Facebook que está felizmente soltero. Los comentarios, por supuesto, de amigos o de aquellos que dicen serlo, no se han hecho esperar. Casi todos lo felicitan por su nuevo ‘estado civil’.  Hubo quienes escribieron de más y se fueron lanza en ristre contra la exnovia usando toda clase de calificativos, toda clase de improperios.

Es poco el contacto diario que tengo con esa pareja, pero me he enterado de su ruptura casi que ‘en vivo y en directo’. Sólo me bastó con leer un par de actualizaciones en Facebook y la seguidilla de comentarios que desataron para saber que terminaron en malos términos.

Sí, soy una intrometida con la ‘venia’ de ellos, como lo son todos aquellos con perfil en Facebook. Los usuarios de esta red social nos volvemos testigos, chismosos o espías virtuales de las vidas ajenas y les permitimos a los demás que esculquen en la nuestra.

Visitamos Europa gracias a los viajes de otros, también nos comemos el pastel en las celebraciones de sus cumpleaños y gozamos con los primeros pasos o días de colegio de sus hijos. Eso sí, pocas veces lloramos con sus fracasos porque casi nunca nos dan testimonio gráfico de ellos. Claro, en Facebook la vida es como una película: tiene banda sonora y final feliz.

Cientos o miles de ojos, en todo caso más de un par, están pendientes de nuestra vida y nosotros solemos olvidar que publicando detalles de nuestras vivencias borramos la etiqueta de ‘privada’ para dibujar la de ‘pública’. Eso sí, después le reclamamos al otro no meterse en nuestra vida cuando hemos sido nosotros los que le hemos dado vía libre para ello.

No cabe duda que al exnovio con el que inicié esta reflexión le encanta compartir lo que no debería salir de la esfera privada, pero a mí no deja de inquietarme cómo con Facebook y cualquier red social vivimos cada vez más la vida de los otros.

2 Comments

  1. Pienso que la internet ha borrado aquel férreo límite que separaba la esfera privada de la pública. No sólo por las redes sociales sino por los blogs: millones de personas (entre quienes debo incluirme) dejan textos que hablan de su pasado, su vida y sus opiniones. Los realities han hecho otro tanto para desvanecer la delgada línea que separa lo público de lo privado. Quizás, pienso al calor de las palabras, lo que conocemos como privacidad, desaparezca lentamente hasta que sea vista como una fantasía construida por las mentes neuróticas de los siglos diecinueve y veinte.

    ¡Saludos!

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