The Talking Museum, Burkeman y Séneca, el choque de trenes en Urda y un vallenato que pudo ser de Diomedes

[The Talking Museum] Esta semana pasé un rato hablando con una mesa del Palacio de Versalles. Le pregunté dónde estaba ubicada, quién la había usado, qué había a su alrededor. Si alguien hubiera entrado a mi estudio, me habría costado explicarle qué estaba haciendo.

Estaba navegando en The Talking Museum, un experimento de Google Arts & Culture que me atrapó. Se trata de un estudio virtual con más de 190 objetos de museos de todo el mundo, desde la prehistoria hasta hoy, que uno puede escoger por tamaño, material o época, traer a su mesa, mirar de cerca en 3D y ponerse a conversar con ellos.

Si tienes un rato, entra a conversar con algún objeto del museo o piérdete en la colección de experimentos de Google Arts & Culture. Hay de todo: un juego en el que caes por una galería tratando de no tocar las obras, los cuadernos de Da Vinci para imaginar ideas propias, una reflexión sobre lo que significa el hogar. Todos retan la distancia que solemos tener con el arte y el patrimonio. Aquí uno toca, pregunta, juega y conversa. Y en el camino se desdibujan las fronteras entre artistas, científicos y programadores.

[Cuatro mil semanas] En un mes especialmente atareado, en el que me sentía agobiada por una lista de tareas que sigue siendo inabarcable, llegó Cuatro mil semanas. Gestión del tiempo para mortales, de Oliver Burkeman. Fue un bálsamo y un recordatorio de no sucumbir ante la falsa idea de realización asociada a la productividad, de la que somos hijos los millennials.

Como alguien que hace listas, llena post-its, trabaja con la técnica Pomodoro y lleva un bullet journal, ya conocía la paradoja de la eficiencia: mientras más eficiente te vuelves, más tareas llegan a llenar el tiempo que liberaste. Burkeman me la recordó justo cuando más la necesitaba, y me estrellé de frente con la única solución posible: elegir y aprender a vivir con la incomodidad de lo que queda por fuera.

Me gustó una mención que hace al trabajo de Malcolm Harris, crítico social de los millennials, que plantea que lo nuestro es el cansancio paralizante de una generación de herramientas finamente afiladas, concebidas desde la fase del embrión para convertirse en máquinas capaces de producir de forma eficiente.

Recordé mis subrayados del libro El arte de vivir, de Séneca, en especial este:

«Qué triste condición la de los ocupados, más triste aún la de quienes se afanan en obligaciones que no les corresponden. Duermen el sueño de otro, caminan al paso de otro, les imponen el amor y el odio, que son las cosas más libres. Si de verdad quieren saber lo breve que es la vida, que consideren qué poca parte de ella les pertenece. Así pues, no envidies la toga de senador muy usada ni un nombre muy conocido en el foro, que todo eso se obtiene a cambio de la vida».

Podrías pensar que si estaba hablando con una mesa en una página web, tal vez no estaba tan ocupada. Bueno, huía de no saber cómo abordar lo inabordable. Ahora, gracias al recordatorio de Burkeman, intento transitar la incomodidad de saber que no llegaré a todo.

[Lo que no tiene nombre] El miércoles 28 de octubre, un AVE de Renfe chocó contra un tren de Iryo que estaba detenido en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, a la altura de Urda, en Toledo. Iban más de 540 personas a bordo. Al menos 69 murieron. El sistema de seguridad había fallado y varios trenes quedaron parados en la vía. Desde el centro de control se ordenó al AVE reanudar la marcha a velocidad normal, cuando el Iryo seguía detenido más adelante.

He escuchado las explicaciones y las transcripciones de las llamadas con la central. Trato de entender cómo dos trenes en la misma vía terminan estrellados por algo que a todas luces parece evitable. Oigo, leo, vuelvo a oír, y siento que se me escapa la comprensión. Como persona que trabaja en producto, pienso en cuántas cosas tenían que salir mal a la vez, en el acumulado, en cuál fue la gota que rebasó el vaso, en qué fue lo fortuito y único de ese día que conjuró la tragedia.

Algunos recursos que intentan explicar la tragedia:

[A la deriva] Navegando por donde me llevaran mis newsletters y mis obsesiones, me topé con estos recursos:

  • Next Gen News Sprint Tool Kit. Si trabajas en producto, lo vas a amar. News Product Alliance armó una guía en seis etapas, de la investigación al lanzamiento, para diseñar productos para nuevas generaciones y decidir cuándo y cómo entra la IA. Trae plantillas y casos reales de redacciones.
  • Liberating Structures. Pensando en técnicas, formas de trabajo y ejercicios para clases virtuales, me encontré con esta librería de 43 métodos de facilitación para que un grupo converse, decida y cree en conjunto.
  • Dense Discovery. Es probablemente una de las newsletters más bellamente diseñadas que he visto recientemente. Kai Brach la envía cada semana con herramientas, diseño, arte y lecturas para pensar críticamente.
  • Dr Phil’s Newsletter. También descubrí la de Philippa Hardman, que cruza la inteligencia artificial con el aprendizaje y la formación, en la práctica y en la teoría. La voy a seguir explorando.
  • Creative Shake-Up. El d.school de Stanford siempre es una inspiración. Esta vez propone un reto gratuito de diez días hábiles, del 2 al 13 de noviembre: cada mañana llega un ejercicio de 15 a 20 minutos para despertar la creatividad, como trazar sombras, reorganizar los muebles o prestarle atención a la propia incomodidad.

[En pantalla] Lo que me acompañó en pantalla mientras la lista seguía ahí.

  • Las ovejas detectives (Prime). Un pastor, interpretado por Hugh Jackman, les lee novelas de misterio a sus ovejas cada noche. Cuando aparece muerto, ellas deciden resolver el caso. Un bálsamo muy divertido e ingenioso.
  • Estimados señores (Prime). Dirigida por Patricia Castañeda, cuenta la lucha del movimiento feminista por el voto de las mujeres en Colombia, que se logró en 1954. En lo técnico, se queda muy corta. Como documento para intentar comprender esa lucha, muy recomendada.
  • BlackBerry (Prime). Matt Johnson dirige esta versión dramatizada del ascenso y la caída de RIM, Research in Motion, desde un garaje en Waterloo, Canadá, en 1996, hasta la llegada del iPhone. Un registro interesante de cómo se construye y se pierde una revolución tecnológica.
  • Marty Supremo (Prime). La tenía en la lista desde hace rato para ver la aclamada actuación de Timothée Chalamet. Dirigida por Josh Safdie, cuenta la historia de Marty Mauser, un joven obsesionado con convertirse en el mejor jugador de ping-pong del mundo. Creo que Chalamet merece todos los premios a los que fue nominado y los que ganó.
  • Elle (Prime). La precuela de Legalmente rubia: Elle Woods, interpretada por Lexi Minetree, antes de Harvard, en sus años de colegio. Está bellamente hecha y me ayudó a desconectarme por completo de la realidad.

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Cómo hice este post. Escribí esta entrada con ayuda de Claude. Le dicté mis ideas por voz, bloque por bloque, y me ayudó a redactarlas y a buscar y verificar el contexto del choque de Urda. Revisé, corregí y reescribí cada bloque hasta que sonara a mí. La imagen la generé con Nano Banana, de Gemini, a partir de un prompt que armé con Claude. Las opiniones, los subrayados y las obsesiones son míos.


Sobre los enlaces a libros. Hago parte del programa de afiliados de Buscalibre. Los enlaces a libros de esta entrada llevan mi código: si compras a través de ellos, recibo una pequeña comisión por cada venta (que uso para seguir comprando libros). Solo recomiendo libros que he leído o que tengo en mi biblioteca.

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Soy Karen

Bienvenidos a Noches de Media, el rincón del internet donde exploro la intersección entre periodismo, tecnología y sociología. Soy AI Lead en La Silla Vacía y enseño Nuevas Tecnologías en la Universidad de Cartagena.

Este blog es mi bitácora desde 2009: un espacio para compartir reflexiones, herramientas y estudios sobre ecosistemas de medios. Aquí encontrarás tutoriales prácticos, análisis de tendencias, convocatorias, recursos curados y experimentos editoriales. Y también, un poco de mi consumo cultural y obsesiones.

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