AUTOR INVITADO
Por Leonardo Rúa De la Hoz*
Ya perdí la cuenta de las críticas que he recibido por no tener cuenta en Facebook. Las personas me miran como ‘bicho’ raro, buscando una explicación lógica del por qué no pueden acceder a mi estado del día, a las fotos de mi niñez o de los viajes que he hecho o las fiestas a las que he asistido.
Se preguntan también quiénes son mis familiares, las amigas y amigos que frecuento y hasta los logros que he alcanzando en mi vida personal y profesional. Pero, ¿a quién más que a mí le importa este tipo de información?
Aplaudo la manera rápida en que surgió y se empoderó esta red social. Se replicó de tal manera que una granja de conejos y curíes le quedó pequeña. Pero quiero serles sincero, no creo en Facebook. No estoy interesado en conocer las intimidades de mi familia ni de mis amigos, por esta vía, ni mucho menos las de desconocidos.
No deseo ver alegría en el ‘Face’ porque mucha de ella sólo es un retrato alejado de la realidad. Algunos no tienen reparo en publicar a gritos sus pesares. Otros sufren en silencio y a cambio utilizan la red para mostrar el castillo de arena de su felicidad construido a la orilla del mar.
Facebook no me da confianza y mucho menos me la producen quienes desnudan sus vidas y las dejan como libros abiertos a merced de los demás. No te expongas en esta gigantesca red social. Cuida lo privado y protege a los tuyos, a nadie le interesa si hoy estás triste o te levantaste sin nada de comer.
* Periodista, docente y redactor de la Casa Editorial El Tiempo. Texto publicado inicialmente en su columna semanal ‘Entre andamios’, en el diario ADN de Barranquilla.
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